jueves, 16 de agosto de 2012

Una de las desventajas de vivir en el Norte, es que no llueve casi nunca.


Una de las ventajas de vivir en el norte y que no llueva casi nunca,  es que cuando la lluvia aparece, se le aprecia el triple, el cuádruple de lo normal.
Es impresionante, como unas cuantas gotas de lluvia, pueden ser capaz de paralizar una ciudad entera. La gente ese emociona, es toda una novedad.

¡Lluvia!, ¡esta lloviendo!, ¡Escucha!.

Escucha.
Eso es quizás lo más hermoso de todo. La música que desprende la lluvia. El golpeteo sin censar de la lluvia chocando contra el suelo, contra la ventana, contra la ciudad. Es como una sinfonía monótona, gris, terriblemente hermosa.

Una vez me dijeron que la lluvia es sinónimo de pureza, y debe serlo, ya que todo bajo la lluvia queda limpio. Hasta el más horrible y sangriento de los asesinatos, se vuelve limpio y plácido bajo la sinfonía de la lluvia. Y luego, al día siguiente, cuando la lluvia cesa y el sol impone presencia, todo se ve más nítido, más claro, más real, más vivo.

Un pájaro comienza a cantar, canta y canta sin cesar, rompiendo la monotonía de la música, dándole una nueva perspectiva al oyente.
Todo se vuelve más vivo, más hermoso.
¿Que es eso que corre por mi mejilla?, ¿Una gota de lluvia?,  ¿Una gota de pureza?.
¿Que es eso que vibra dentro de mi corazón?,  ¿Gritos?, ¿Llantos?.

Un perro comienza a ladrar, rompiendo la monotonía. Es un ladrido lastimero, desesperante. Se me ponen los pelos de punta, y tengo que hacer grandes esfuerzos para no salir y abrir las puertas de mi hogar a todos los desamparados que bajo la lluvia sufren.

¿Desamparados?... Si estuviera en su lugar, me sentiría más feliz que nunca de estar acompañada de algo tan maravilloso como la lluvia.

Como ahora.

Ven, acuéstate a mi lado, mírame a los ojos, y escucha conmigo. Sin interrupción. Solo tú, yo, la lluvia; su monotonía y su hermosura.